Lo Nuevo

martes, 9 de junio de 2020

El Zapatero y El Hombre Rico (Cuento)



Un zapatero cantaba todo el día. Daba gusto verle y más oírle. Todo era cantar y cantar, contento feliz como nadie. Su vecino, muy al contrario, aunque estaba repleto de dinero, cantaba poco y dormía menos: era un hombre muy rico. Si en el día dormitaba un poco, lo despertaba la canción del zapatero, y el infeliz millonario se lamentaba de que no se vendiera en el mercado el sueño como se venden el arroz y los frijoles.

Un día llamó al zapatero y le dijo: 

-Vamos a ver, Luis, ¿Cuánto ganas al año? 

-¡Al año! -contesto sorprendido y siempre sonriendo –perdone usted, pero nunca saqué esa cuenta. No me queda ni un peso de lo que gano hoy para mañana, y me doy por feliz terminando el año y siempre comiendo el pan que me gano al día.

-Pues bien, ¿Cuánto ganas al día? 

-Unas veces más y otras menos. No sería malo el oficio si no fuera porque hay muchos días en que no se puede trabajar. Hay muchos días de fiesta, y cada vez añade el señor cura nuevos Santos al calendario.

El hombre rico, riendo de su sencillez le dice: te quiero hacer un favor, tomas estos mil pesos y los guardas por alguna necesidad.


El zapatero creyó ver reunido todo el oro que la tierra había producido en cien años. Volvió a su casa y escondió en una cueva su dinero y su felicidad. Desde ese día, adiós cantares. Todo era congoja. Huyó el sueño de su hogar y sólo se llenó de miedos, alarmas y desconfianza. Todo el día atisbaba y cuidaba su dinero; y de noche, si andaba por la casa un gato y hacía el menor ruido, creía que el gato era un ladrón que le robaba su tesoro.

Al cabo de algún tiempo, el pobre hombre fue a buscar al vecino rico, a quien no despertaba ya con sus canciones y le dice: 

-Tome usted, señor, todo el dinero, que quiero volver a encontrar mi sosiego. 


FIN

Cuentos Cortos


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