Hace muchos muchos años, en un país muy lejano, vivía un ciego. Vivía en los donde la sabiduría y la bondad de las personas es más apreciada que un tesoro. La gente se reunía en la plaza para oír contar los sabios cuentos del ciego. De este modo, él vivía feliz y se ganaba la vida. Al cabo de muchos años, el ciego logró ahorrar cierta suma de dinero. Pero, ahí empezaron sus problemas, pues no sabía dónde ponerlo para que no se lo fueran a robar, pues en todas partes existen personas así.
Después de mucho pensarlo, decidió enterrarlo bajo las raíces de un roble que estaba en la finca de un hombre muy rico.
Cuando el ciego, después de un tiempo se dispuso a ir al lugar a retirar su dinero, se encontró con que se lo habían robado. Inmediatamente pensó que el hombre rico, que era bien avaro, debió de habérselo llevado.
Así, pues, seguro de que el dueño de la finca lo tenía, fue a buscarlo y le dijo:
-Señor, tú que eres tan sabio y tan bueno, quisiera pedirte un consejo.
-¿De qué se trata, buen hombre? -dijo el finquero con miedo de que el ciego sospechara algo de su robo.
-Pues vea, señor, yo tenía un dinero y lo escondí en un lugar muy, pero muy seguro. Ahora tengo otra cantidad igual y quisiera esconderla, pero no sé si esconderla en el mismo lugar, o en otro nuevo.
" También te puede interesar: El Hombre Feliz (Cuento) "
-Ah no -respondió el hombre -si tan seguro es ese lugar que dices, mejor lo escondes allí mismo.
Cuando el ciego se fue, el finquero se apresuró a poner el dinero robado en el mismo sitio, con la esperanza de recoger el doble cuando el ciego escondiera allí la nueva cantidad de dinero que tenía.
Al día siguiente, con mucha calma y seguridad de encontrar su dinero, llegó el ciego al viejo roble, escarbó y encontró su tesoro.
Muy feliz se fue diciendo:
-Ves, señor finquero, que cierto es aquel refrán que dice: “más vale maña que fuerza”.
FIN

No hay comentarios:
Publicar un comentario