Lo Nuevo

sábado, 24 de septiembre de 2022

El Sermón de la Montaña (Lectura)



Un día nuestro señor Jesucristo, viendo la gran cantidad de gente que lo seguía, subió a un cerro. Sus discípulos estaban cerca de él. Cuando se hubo sentado empezó a hablar y a explicarles:


Benditos sean los humildes, porque de ellos es el reino de los cielos.

Benditos sean los apacibles, porque ellos serán los herederos de la tierra.

Benditos sean los que lloran, porque ellos serán consolados.

Benditos sean los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos la recibirán hasta quedar saciados.

Benditos sean los compasivos, porque ellos alcanzarán la compasión de Dios.

Benditos sean los de corazón limpio, porque ellos encuentran a Dios.

Benditos sean los que apaciguan, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Benditos sean los que padecen persecuciones por su vida recta, porque de ellos es el reino de los cielos.


Estas enseñanzas fueron predicadas hace más de dos mil años. Sin embargo, hoy en día aún se conocen, porque fueron apuntadas por San Mateo, quien era uno de los Apóstoles de Nuestro Señor Jesucristo. San Mateo las escribió en un idioma que hablaba mucha gente en ese tiempo. Pero con el paso de los años las enseñanzas fueron copiadas y pasadas a casi todos los idiomas que se hablan en el mundo.

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